Nos encontramos en las afuera de la ciudad de Ronda, en uno de los más barrios más añejos de la ciudad. Rodeados de pequeñas casas y edificios con fachadas blancas, suelos de piedra pulida por el implacable paso del tiempo, destacando el carácter de sus vecinos amables y cercanos.

En el centro, nuestra querida y transitada alameda, lugar de encuentro de vecinos donde los más pequeños disfrutan jugando, saltando, disfrutando, mezclándose con nuestros mayores, echando su rato de charla sentados en esos muros de piedra, contando una y mil historias. Todo presidido por Nuestro querido Patrón, San Francisco de Asís.

Qué mejor manera de describirlo y hablar de nuestro barrio que por sus habitantes y amigos…

“Barrio que fue, es y será expresión de una Hermandad, la del Santo Entierro; de los que fueron, de los que están y de los que serán ¿Comprendéis? ¿Sentís? Estáis aquí, ahora, presentes y ausentes, ¡Todos! Todos aquellos que vivimos el Viernes Santo con y sin pasos, todos aquellos que renovamos la luz en la mañana del Domingo de Resurrección. Todos, en este momento, que perseguimos revivirlo en los pliegues de nuestro cerebro, en estas imágenes hilvanadas con los mimbres de nuestra esencia, y en este horario para la exaltación, también de la nostalgia.”

Fco. Javier Calvente Mena

Cuando yo era un niño mi madre me mandaba al barrio (entonces no tenía apellido; era sencillamente “el barrio”) a buscar un agua milagrosa que manaba de una fuente que había en la Calle San Francisco y que ponía los garbanzos tiernos como la mantequilla “flande”. En aquellos tiempos, los garbanzos tiernos eran un manjar delicioso y el cocido (la olla) que los acogía se convertía en el plato más delicioso que pueda soñar ahora cualquiera de estos expertos gourmets de pacotilla, que nos rodean por todas partes o cualquier cocinero de postín y de moda con programa de cocina en televisión incluido.

Aquella fuente era un beso,
un beso fiel de unos labios,
que en la calle San Francisco,
te estaban siempre esperando.
Eran besos que calmaban
la sed, el hambre, el cansancio
y que dejaban mullidos
y blanditos los garbanzos.

J.M Tornay

Y llegamos sin apenas darnos cuenta
A ese cachito de cielo
Que mi alma ansia sedienta
Al barrio de mis abuelos
Alameda, murallas, convento
Alhajas de oro y rubíes
Robados de un cuento
De recuerdos andalusíes.
Al fondo se levanta
La iglesia soberana
De su barrio gobernanta
Y de sus gentes capitana.

Eva María Sanchez Perez

Que mejor que en este Barrio
Entre su gente y vecinos
Para mostrar la alegría con la forma en que vivimos
Arropando a aquel que sufre;
Llegando al que no se entera
Pues seguro, estoy seguro,
Mucha gente nos espera.
¡Que está muerto!, ¿Quien lo ha dicho?
Ni lo quebraron, si quiera.
Está vivo entre nosotros
Esperanza del que espera.

Pablo Herrera

“Sientes esa euforia al llegar al barrio de san francisco, ese orgullo, ese sentimiento de portar a tu Cristo o a tu Virgen sobre tus hombros, seguro que no lo cambiarías por nada, sin importar si pesa más o menos que otros años. Lo que sientes cuando llegas a la Casa de hermandad y ves los tronos preparados, es como si lo vieras por primera vez, con la sensación de un niño con zapatos nuevos. Es el mismo trono de siempre, pero tan distinto a la vez, es el deseo de sentir el peso, el sufrimiento debajo, pero que aunque duela y no puedas más dices: “Venga, vamos todos, que tenemos que llegar al Barrio, que hay que encerrarlo en su casa”.

Antonio Lopez Anet

“…Mis primeros recuerdos me llevan a la casi desaparecida y destruida Ermita de la Virgen de Gracia, allí, cada Semana Santa se repetía el ritual bajo la atenta mirada de la Virgen que presidía el retablo y escoltada por sus padres San Joaquín y Santa Marta…”

“… Recuerdo de la niñez, me lleva al Lunes Santo, el día de la pedida. Ese día tocaba irnos a la Calle Empedrada y a la Calle Torrejones donde se instalaba el cuartel general de la hermandad.
En la casa de Sebastian se reunían la señora de SanMartín, Rafaela, mi madre y Maruja para preparar la cena de los pedidores …”
Manuel Pérez Avilés

“…El Barrio de San Francisco comienza cuando la ciudad decide hacerse pueblo, sus calles estrechas y recoletas, balcones, la cal, farolas y aliazares se confulaban en el montaje de su escenografía, donde el viejo es cada vez más viejo y lo nuevo se hace viejo…”
“… El Barrio es dueño de un convento por donde deambula el espíritu de San Francisco, con religiosas que además de custodiar a los Sagrados Titulares de la hermandad, durante todo el año rezan y piden a Dios por todos nosotros, y como no también nos obsequian con esos maravillosos dulces caseros elaborados con el amor y el cariño que solo ellas pueden hacerlo…”

“… Y qué decir de su gente, gente sencilla, honradas, hombres y mujeres trabajadoras, y como no, orgullosos de su barrio y de todo lo que el barrio contiene social, cultural y espiritualmente…”

Jose María Palmero Pérez