Segundo día de Tríduo. En honor al personal sanitario, transportistas, agricultores, ganaderos, fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y sector de la alimentación.

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Segundo día de triduo:

Hoy celebramos el segundo día de triduo en honor a Nuestros Sagrados Titulares, Cristo Yacente y Nuestra Señora de la Soledad.
Nuestras oraciones hoy irán dedicadas a todas las personas que se dedican en estos días tan complicados a velar por nosotros, NUESTROS SANITARIOS, FUERZAS Y CUERPOS DE SEGURIDAD, EL SECTOR DE LA ALIMENTACIÓN, AGRICULTORES Y GANADEROS,TRANSPORTISTAS, CUIDADORES… Y todos aquellos que no pueden quedarse en casa para que nosotros si lo hagamos. Personas que en estos días arriesgan su propia salud para frenar esta pandemia y cuidar de la población.
GRACIAS DE TODO CORAZÓN.

Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Juan (8,51-59):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
«En verdad, en verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre».
Los judíos le dijeron:
«Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: “Quien guarde mi palabra no gustará la muerte para siempre”? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?».
Jesús contestó:
«Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: “Es nuestro Dios”, aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera “No lo conozco” sería, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría».
Los judíos le dijeron:
«No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?».
Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: antes de que Abrahán existiera, yo soy».
Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.

Palabra del Señor
Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

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